Otros aspectos relevantes de la CRES 2018

Estos encuentros son muy importantes para tomar distancia de lo propio, y revalorizarlo”, dijo María Estrada Sánchez, docente e investigadora del Instituto Tecnológico de Costa Rica, y agregó: “Son momentos de encuentro para plantearle a la ciencia asuntos delicados, y no siempre atendidos, como los temas de inclusión y género”.

La docente de Costa Rica intervino para señalar que la investigación debe abrir puestos de trabajo como política inclusiva, y recalcó que es preciso, además, que las tecnologías se coloquen a disposición de las necesidades especiales de todos los agentes del sistema educativo”.

Esta exposición se dio en el marco de la Tercera Conferencia Regional de Educación Superior, que se realizó en Córdoba recientemente. El IUPA participó de distintos foros y simposios. En este caso, del simposio relativo a investigación.

Estrada Sánchez, de origen indígena, también observó que visibilizar el rol de la mujer en la investigación debería convertirse en un imperativo, ya que respondería a una antigua deuda que las Américas no tienen saldada con la mujer nativa.

Javier José Vales García, Rector del afamado ITSON, Instituto Tecnológico de Sonora (México), reflexionó sobre la conveniencia de que las escuelas superiores de educación y artes fundan sus directivas y sus recursos, y se empeñen en una misma dirección. Recalcó la urgencia de establecer partidas presupuestarias para la investigación, la manipulación de tecnologías, la adquisición de bienes e insumos, y la provisión de espacios edilicios acordes al desarrollo científico de altísima competitividad por el que transitan hoy las ciencias blandas, a la par que las duras. “Somos grandes Universidades”, insistió Vales García, “somos grandes porque nos acomodamos a todo, porque a veces con poco, hacemos mucho”.

Éstas, entre otras, fueron las voces que se dejaron oír en el Simposio 5, destinado a pensar la investigación a merced de los factores humano y social en la región. No solamente se expusieron cuestiones de género y de inclusión, o de economías de emergencia en relación con el desenvolvimiento de la investigación en el nivel superior, sino que se listaron algunas premisas de trabajo que serán incorporadas al documento propositivo del Simposio.

¿Cómo funciona la CRES?

Además de servir de punto de encuentro para cimentar vínculos entre equipos de gestión y autoridades universitarias de América Latina, el Caribe, las Antillas, México, y Casas de Estudios europeas especialmente interesadas en el latinoamericanismo, la Conferencia, que se dividió en siete Simposios, ofrecía documentos propositivos en cada Simposio a todos sus asistentes.

Durante el desarrollo de los Simposios, los convocados comentaban sobre esos documentos, que iban recopilando ampliaciones, recortes y mejoras a medida que la CRES transcurría. Al cierre del encuentro, se dispusieron los plazos para reelaborar cada uno de los siete documentos propositivos, que constituirán una especie de Carta Magna de principios del milenio, para una nueva reforma de la educación superior.

No será hoy, como lo fue en 1918, una contestación y un bloqueo a la Iglesia y al Estado, sino a los Grandes Poderes de los que dependen las emergencias locales.

Prioridad y pertinencia serán las unidades de medida para retomar el hilo conductor de esos siete documentos con que se pondrán a punto los motores de la programación en ciencia y técnica – para el caso del Simposio 5 –, de modo que la región consiga proyectarse hacia el siguiente umbral productivo que se ha estipulado para el 2030.

Las instituciones educativas en arte presentes en el Espacio G de la Universidad Tecnológica Nacional, donde tuvo lugar el Simposio 5, planteamos la urgencia de dar cabida a modelos desarrollistas que admitan cómodamente la amalgama de investigación artística y creación artística, aspecto sensible y notablemente marginado en los baremos académicos.

También disparamos sobre el reconocimiento que merece la divulgación mediática de los avances de la investigación surgida ya no de consorcios, empresas o laboratorios, sino del seno mismo de nuestras Casas de Estudio.

Para que el rol de investigador del profesor universitario se consolide, será preciso revisar las incumbencias éticas del docente, es decir: se requerirá trascender todo concepto de “función”, y resignificarlo como “misión”. Un paso más allá será, indudablemente, imaginarse a la Universidad del 2030 en pie sobre la tríada docencia-investigación-extensión. De ese ideal de labor universitaria colaborativa podrán devenir esquemas corporativos más holgados, más regionales, más dispersos en el espacio geográfico y en el espacio simbólico del saber. Eso hará libre a la Universidad del 2030, y en el ejercicio sesudo de su libertad estará la fortaleza en la que se formarán los ciudadanos del milenio.

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