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Daniel Drexler recomienda Sensemayá

Daniel Drexler se hizo a sí mismo gracias a la encrucijada entre lo que se debe hacer y lo que se quiere ser. Vivir intensamente las fuerzas en pugna entre lo que la sociedad de los notables dicta y lo que todas las células del cuerpo piden, lo hizo transitar un río en el que cada pie navegó durante un tiempo en canoas distintas… hasta que el quiero, el puedo y vivo despidieron al debo y abrieron las puertas de la poesía para el nacimiento de la canción “en el punto en el que uno une puntas del abismo”. Aquí recomienda Sensemanyá y nos enlaza con Revueltas y Guillén para oír “¡Mayombe—bombe—mayombé!… La culebra tiene los ojos de vidrio… La culebra camina sin patas… Tú le das con el hacha y se muere… La culebra muerta no puede comer… no puede morder… ¡Mayombe—bombe—mayombé!”

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El Extranjero

Íbamos a empezar escribiendo “para que la vida tenga sentido”, pero es un rollo tremendo… una impostura total! De manera más humilde empezamos así: para que algo tenga sentido hace falta un relato que construya la cosa vinculada a algo… no nos bancamos el vacío porque nos alejamos de la cosa y esa distancia es insoportable, nos dio conciencia de nuestra posición descentrada, desnaturalizada, arrojados a vivir fuera del paraíso y en un cosmos lleno de nada. ¿Cómo darle sentido a algo en 1942, cuando los hechos le abren la vida a la muerte a cada paso y todo vale lo que un papel de diario? Absurda existencia que Albert Camus escribió en la voz de Meursault cuando narra el pedido de días a su patrón por la muerte de su madre: “Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: «No es culpa mía»”.

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