Cápsula de Tango. Capítulo 6. Pirincho Pancho Canaro

Pirincho Pancho Canaro debe sus apodos a la partera y el nombre. Se dice de él que cuando nació, la mujer que asistió a su madre, soltó un “parece un pirincho” al verle el pelo en cresta. Se dice que Francisco, oriundo del Uruguay, se mudó a Buenos Aires con su familia a sus tempranos cinco años para vivir en conventillos plagados de pobrerío material y llenos de riqueza popular. Se dice que desde chico patió la lleca y laburó para manyar y se dice que fabricó su primer violín con las latas de aceite de la fábrica en la que trabajó de joven. Se dice que le sacó morlaco y guita al instrumento hasta comprar uno de madera y se dice que gracias a Vicente Greco entró de frente al mundo del tango y la guardia vieja. Se dice que fundó una orquesta y la rompió en París, y se dice que al volver batalló fuerte por los derechos de autor hasta fundar SADAIC. Se dice que se nacionalizó argentino porque los barrios porteños le rozaron el corazón y se dice que un día de diciembre a las 15 horas, sin motivo aparente más que el reclame de un olimpo de los heréticos dioses consagrados en el más allá, que andaban necesitando uno más para tocarse una, la vibrante alma de este apasionado cortó el hilo de plata para sonar entre las nubes.

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