La Ausencia Presente, con Emily Games

Emily Games de pequeño era bastante solitario. De familia artista, había mamado desde la panza los escenarios. “No miraba ni Videomatch, ni Hacelo por mí, ni siquiera fútbol”. Incursionó en la escritura, como casi de todo chico, con una poesía de amor.

En su reciente visita, donó su segundo libro, Concepto de Ausencia Presente (2016) a la biblioteca del IUPA.

Poco a poco ganó el apodo de “el loquito que escribe” y pronto llegó el boletín del centro de estudiantes, luego los fanzines y el punk. Un dueto casi inseparable que lo llevó a participar en la génesis de muchas de las bandas que están ahora sonando.

Estudió Cine en La Plata, se interesó por las técnicas de grabado y serigrafía. El devenir lo llevó a formarse en Dirección de actores, pero su inquietud necesitaba alejarse de la teoría. Durante esos años – diez, para ser más precisos – mantenía su publicación, el fanzine No somos nada que pasó de ser para sus amigos a tener mil ejemplares. Luego vinieron las columnas de opinión, reportes de escena y algunos micro relatos para publicaciones de colegas o de algún medio.

El sueño trunco de la banda punk lo llevó a invertir los ahorros en un viaje a Europa. Terminó trabajando de traductor para Indimedia de Londres. A su vuelta en la Argentina conoce el – en ese entonces – INSA (IUPA), por casualidades y coincidencias de la vida.

“Cuando caímos flasheé mal, estaba todo lo que yo veía que faltaba en La Plata y me decidí a venir” confiesa en la charla. Estuvo un año y dos meses cursando y recuerda: “fueron buenísimos, de hecho conservo relaciones y admiración por un montón de gente que respeto, de colegas de acá. Fue muy lindo reencontrarme hoy con tanta gente y con el espíritu que hay, que explota de arte en los pasillos”.

¿Cómo germinó la idea de publicar libros?

Nunca dejé de producir textos. Con irregularidad cronológica e irregularidad de calidad también. Tampoco creo que escribo bien pero hay veces que estoy más conforme. Cuando ya estaba viviendo acá, junté algunas cosas, tenía ganas de hacer algo como un exorcismo de quemarlas y listo, dejarlas. Pero se las muestro a un chico de Cultral Có, que vive hoy en Roca, Gastón Acosta, las empezó a leer y dice “che loco por qué no haces un libro”.

También a una mujer, Patricia Pietrafesa, ella siempre leía mis emails de cuando estaba de viaje que hacía como un diario general y bueno un poco entre ella y Gastón como que me impulsaron. Entonces decidí editarlo, se me ocurrió hacer el libro intervenido por artistas, como para que le den una tridimensionalidad o una sonoridad visual a las palabras que ya de por sí tenían un ritmo. Gasté todos los ahorros en el primer libro, tenía 25 años, 26, lo hice y me agarró un pánico cuando voy a la editorial a buscar mil libros y no entraban en el auto. Algo tenía que hacer, ahí empecé.

La primer presentación fue en Neuquén en la Facultad de Psicología Social, después estuve en Roca en la Casa de la Cultura, y de ahí El Bolsón, Bariloche, montones de lados, por suerte recupere la inversión pronto, estuve en Allen que me pagaron los pasajes para ir a recitar. Todo eso fue la prueba de fuego. Fui haciéndolo, en ese momento el libro me representó, fue muy lindo haber llegado a las ideas pero me faltaba una parte y tenía la presión de que el otro tenía que ser mejor. Más que nada por la evolución que uno tiene y tratar de reflejarla, eso fue difícil. En este primer libro participaron 21 artistas.

En tu relato hay una relación muy fuerte con la Patagonia.

Por un lado, siempre mantengo los lazos en todos los lugares que voy. Trato de conocer lugares nuevos, pero a la vez quedo enganchado donde voy, la paso bien desde una conexión, desde la creación. Yo tengo algo que es la alegría del hacer. Vamos, no me importa el crédito, disfruto del hacer y todo me enriquece. Es como un lema “la alegría del hacer” y siempre quedé con conexión acá, por eso digo que Roca es, sin desmerecer Viedma, es la capital cultural.

¿Y el nuevo libro cómo nace después de 10 años del primero?

En el segundo participaron 47 artistas de Canadá, México, Cuba, Brasil, Japón, Gral. Roca, Cutral Có, Neuquén, Bariloche, La Plata, Mar del Plata, entre otros.

Es un diario de viaje con pretensión poética. Lo improvisado como viaje. Tener demasiadas expectativas es abrir la puerta a la desilusión. Y creo que una actitud humilde es ir de corazón y disfrutar. Yo ni sabía que vos me ibas a hacer la nota, no sabía si me iba a encontrar a Lisandro (Martinez), no sabía que iba a estar reunido con la mujer del museo, los fui encontrando y terminé viendo la orquesta, la OORS, en Regina y fue como loco, no me esperaba esa yapa, ese estado de gracia. Cuando uno hace las cosas así como que la vida te va recompensando, mimando. Y escribí algo, en Regina, que decía “nací con los pies en llamas y andando es la única manera de calmar el ardor”.

Eso habla del espíritu del libro, que cada escrito está hecho en una ciudad, en una provincia, en un país diferente y eso también hace que haya mucha interacción con artistas locales, porque donde voy trato de, no buscar, sino siempre se van dando lazos desinteresados y de cooperación mutua. El libro es como una rueda que empuja y cuando empieza a rodar levanta polvo, pasto, se pincha y todo eso hace una red como una red de conexiones que es sorprendente.

Lo que tiene también es que en diez años recopila columnas de opinión, letras de canciones que hice para distintas bandas y tiene una coherencia, en esa irregularidad, al mostrar el costado humano y al tener un tiempo de diez años, yo no puedo re mejorar el texto y dejar el dibujo como en infracción porque esa ilustración refleja el texto de ese momento, sino tendría que darle la oportunidad de rehacer su dibujo, entonces respetamos -en detrimento de la calidad podríamos decir- un espíritu de colaboración que refleja ese momento.

Además, al igual que en el primer libro hay un capítulo que se llama Violenta Conmoción Emocional, aunque con un recurso gráfico diferente.

En todo el libro, lo que hicimos es no numerarlo. Hicimos que ninguna página tengas que darla vuelta para leerla, a lo sumo habrá alguno que es página doble. Se trabajó como un libro de arte. Muy sensorial, muy mochilero por decirte. Si bien la poesía por ahí aburre o mofa, yo creo que sigo haciendo poesía porque habla de quienes somos, creo que – alejándote de todo – lo que trata de exacerbar es la sensibilidad. Estoy totalmente convencido de que si perdemos la sensibilidad se acaba todo. En tiempos oscuros, a mi me parece como un acto de romanticismo y de entrega tratar de exacerbar el verdadero sentido poético que es un homenaje a la sensibilidad. Obviamente que, en ciento ochenta páginas, hay partes de denuncia, de micro relatos, hay cosas fantásticas, pero el sentido poético yo creo que es ese y estoy convencido y lo defiendo.

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