Clásicos

Atraviesa la ciudad, va de un lado a otro, busca respuestas y también preguntas…en todas las situaciones de su cotidianidad, inesperadamente, se encuentra con un clásico.
Le quitamos polvo a las palabras olvidadas, a películas que nos emocionaron, guardamos los fragmentos de obras, traemos esos versos que nos enamoraron y los miedos que nos asustaron…
CLASICOS SIEMPRE ES BUENO TRAERLOS.
Aquellas obras artísticas que marcaron una época son evocadas para rescatar su gran valor.

+ PLATAFORMAS

“La casa del ángel”

Leopoldo Torre Nilsson perteneció a la estirpe pionera del cine argentino. En 1957 estrenó “La casa del ángel”, largometraje que inició algo así como la nouvelle vague local. Basada en la novela de Beatriz Guido, pareja y compañera creativa del director, narra sin metáforas el despertar sexual de una “chica bien” de 14 años, en una casa quinta donde las estatuas de cemento revelan los secretos del sexo encerrado por la voz inoportuna de una madre vestida de negro, la prima Vicenta hace aparecer los terrible hermoso en los secretos sobre cómo nacemos, y Ana queda poseída sin mirar más allá del nudo de la corbata porque los ojos que la miran pueden hacer arder el alma desde el pubis. El registro popular de la película tras los años que pasaron desde sus estreno, pero como documento vivo de la historia del cine, le dieron más de 7 puntos en filmaffinity y IMDB.

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“El fulgor argentino”

En 1998 Catalinas Sur dio a Buenos Aires, sin saber que ganaría el mundo, “El fulgor argentino”, una obra de teatro comunitario que lleva 22 años en cartel a sala llena. Una manga de locos utópicos que no se resigna a la mediocridad de los poderes de turno, abre las puertas a les vecines para que les amateurs tomen la escena conjuntamente en la acción de sus afectos y sus memorias colectivas. ¿Quién puede contar la historia de Argentina? ¿Quién contó la historia de nuestro país? El relato oficial llenó de bustos de bronce los pasillos rancios de las dependencias estatales y posó en las plazas a generales de guerras municipales sobre caballos que apenas si levantan algunas de sus patas, sólo San Martín señala con su dedo una empresa al otro lado sobre un semental en el que bulle la sangre mientras se alza en sus ancas. El fulgor argentino es un brillo indescifrable del que es difícil reconocer si nace del fogonazo de las armas apuntadas a los bailarines de un salón, o en el destello de una pista bien pulida sobre la que se reflejan las luces que dan forma a los cuerpos de nuestra historia e iluminan los deseos de nuestra invención. La memoria de les vecinos narra un país que se construye entre las desgracias, las injusticias, los proyectos, las promesas, los amores.

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“Hojas cayendo”

Hojas cayendo es un cortometraje de la realizadora Alice Guy, estrenado en marzo de 1912. Narrada con gran maestría, la historia expone los lazos del amor y las empresas de éxito poco probable a la que nos arriesgamos cuando queremos preservar a quienes amamos. Frente al escepticismo adulto que se entrega a ver caer las hojas en otoño, el ingenuo decir sí de les chiques se pone manos a la obra para torcer el curso del tiempo, porque todo se puede reinventar más allá de los pronósticos. En los tiempos en que se fundaba el cine, Alice Guy contó historias como en la literatura, rodadas en sus propios estudios de Flushing, Nueva York, como relatos de la vida misma en la que existimos y somos las personas… cuando en la otra costa, llevados por la fiebre de un oro que se lucraba en las taquillas, la locomotora cinematográfica imparable se inclinaba hacia las caídas y los pastelazos para la risa de los cansados espectadores del nikel odeón. Hay una foto de Alice Guy tomada en 1913 en la que se encuentra sentada sobre una gran silla de madera tallada, vestida con las ropas de la época y con la mirada del futuro en sus ojos.

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“Machuca”

Como metáfora del arco que mueve el péndulo entre historia y biografías, Machuca, película dirigida por Andrés Wood, narra la fractura de las relaciones cuando los milicos se hacen con el poder a los tiros, las patadas y las violaciones. De alguna manera, como si contarlo en vidas encarnadas por adultos no bastara, es preciso mostrar cómo en chiques de once años, en el umbral del Origen de la Tristeza, las botas de los Pacos pisotean almas hasta hacerles creer que están solas. La amistad y el amor, cuando se construyen las condiciones para que ocurran, cosen a las personas piel con piel atravesando los cajones bien cerrados de la sociedad. Nadie es lo que la sociedad dice… no!, de otra manera: todos podemos ser otra cosa distinta de lo que la sociedad dice que somos si nos permitimos decir con una afirmación que se ríe del orden: “nada que ver; lo que decís no tiene nada que ver”. Al otro lado de la cordillera, al igual que aquí, los malos muchachos vistieron uniformes oficiales.

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“Triste y solitario final”

Osvaldo Soriano atravesó el campo de las letras como un futbolista que lleva la diez en la espalda y corre con gambetas mágicas para dejar todo atrás. Dio un compendio de clásicos contemporáneos que todavía hoy “La Academia” no se atreve a incluir en el canon nacional porque su irrupción desde el marginal género del periodismo junto con la dimensión popular de los temas tratados y las voces repuestas, llenaron de espanto a los bien trajeados doctores de lo culto y lo legítimo. Lee estos números con peso que se imponen a balbuceantes “no no no, Soriano no!”: Triste, Solitario y Final, su primera novela, escrita con la maestría de quien produce el artilugio logrado del intertexto con sentido, se publicó en más de 20 países y se tradujo a 15 idiomas: inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés, griego, polaco, húngaro, checo, hebreo, danés y ruso; y en 1995 la editorial Norma pagó 500.000 dólares por los derechos de su obra dado que la venta sus libros era imparable. Tributo de la cultura popular tejió las imágenes de Stan y Ollie junto a Philip Marlowe como tributo al mundo en el que se construyeron y desenlazaron las ilusorias ensoñaciones del mundo occidental durante el siglo XX… Un clásico para nosotros… y que los lectores de monóculo la saquen del ángulo.

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“Tokio Blues”

Haruki Murakami escribió Tokio Blues Norwegian Wood como una prueba de que podía desarrollar un estilo realista que le permitiera entrar en el mainstream sin caer necesariamente en el culto, lugar al que lo empezaba a dirigir el canon literario por sus novelas surrealistas: “… fue una decisión estratégica. Tokio Blues es muy fácil de leer y de entender. A mucha gente le gustó ese libro y quizá los hizo interesarse en el resto de mi trabajo”, pero normalmente no suele tener un plan cuando empieza a escribir, sino que espera que la historia suceda en la escritura. Banana Yoshimoto escribió en el epílogo de su primera novela algo que puede pensarse para el protagonista Toru Watanabe… “…conozco a tantas personas que intentan ir siempre hacia adelante, luchando con su vida de todos los días silenciosamente y con ímpetu…”.

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“Todo sobre mi madre”

Pedro Almodóvar tejió a lo largo de sus películas el universo de El Deseo: una red de tramas que se vinculan a través de personajes satelitales e historias mencionadas en cada estreno que anuncian las historias por venir… todas compartiendo el tiempo actual de una España que se cuenta desde Madrid y se extiende por la península. “Todo sobre mi madre” apareció en “La flor de mi secreto” con el gesto heroico de una enfermera llamada Manuela, tributó a “Eva al desnudo” y “Noche de estreno”, y fue el relanzamiento mundial de Almodóvar que mostró sobre el final del siglo su conexión con los tiempos de su época: el género estallado cuando aun las calles y las academias hablaban con “o”.

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"Milagro en Milán"

Vittorio de Sica dio al mundo Milagro en Milán en 1951. Toto el bueno expresa con sus gestos el profundo sentir que puede haber detrás de la respuesta acertada frente a la pregunta, fría en el texto y viva en la voz, ¿cuánto es siete por siete? El discurso de las acciones se impone cuando los relatos versan esto y hacen aquello, o esconden un desenlace advertido, y más aun cuando los relatos versan esto y hacen esto… como por ejemplo despojar injustamente a las personas de un barrio porque de repente brota el petróleo del suelo, o como por ejemplo matar bajo la afirmación de la supremacía de una raza… y como hay versos sin reversos porque no admiten palabras, las acciones neorrealistas vienen a salvar el día… o las vidas… como cuando justamente De Sica dio trabajo como extras a 300 judíos y otros amenazados por el nazismo para evitar su captura y deportación, y un milagro acarició la tierra.

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“El mago de oz”

El Mago de Oz es considerada como el tercer mejor largometraje musical norteamericano por el American Film Institute. Basada en un clásico de la literatura infantil publicado en 1900 bajo el título: “El Maravilloso Mago de Oz”, fue un fracaso de taquilla cuando se estrenó en 1939 y se constituyó en la producción más cara de la Metro Goldwyn Mayer por aquellos tiempos; sólo diez años más tarde se volvería lucrativa, tras su reestreno, y se volvería en una de las películas más televisadas tras su primera emisión de 1956, logrando mediante su reposición masiva alcanzar a varias generaciones, chicos y grandes. La historia, escrita por Lyman Frank Baum, es una metáfora de la discusión económica que tuvo lugar en EEU hacia finales del siglo XIX entre los partidarios del patrón oro y los del bimetalismo. Quizás el mensaje de Perogrullo de que “No hay lugar como el hogar” sea algo que se tenga que poner en cuestión una y otra vez cuando se trata de poner en valor las cosas… Hay un tesoro que sino se encuentra en la propia morada no es posible de conseguir de la mano de ningún ilusionsita.

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“Cabeza Borradora”

David Lynch tardó seis años en realizar su primer largometraje por falta de financiación; eso podría desesperar a cualquiera. Cabeza borradora se logró con paciencia, creatividad y ayuda de actores y amigos. Sobre la película se dijo de todo: “de mal gusto y enfermiza”, “intensamente personal”, “única” y, finalmente, “obra cultural, histórica y estéticamente importante”. Seis años nadando, años en los que Lynch hizo un filme buceando las aguas profundas donde los peces son más poderosos y puros.

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“Haz lo correcto”

Shelton Jackson Lee entró al mundo de la cinematografía con su primera película en 1989 y fue un cimbronazo. “Haz lo correcto” se alzó con toda la fuerza del black power y repuso en el acartonado mundo de la industria cinematográfica norteamericana el problema del racismo imperante en el país del norte tan aferrado al orden WASP, del que los ítalo-americanos son primos pobres. Ciento cincuenta años más tarde los mismos “40 acres y una mula” volvieron para exponer una verdad inocultable: en los EEUU tratan a los herederos de África like niggers… y Spike Lee lo supo contar.

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“Citizen Kane”

Ciudadano Kane es la ópera prima de Orson Wells. En esa oración hay dos nombres, el de la película y su director, que se afirman en la historia del cine con expresiones del estilo «está decidido: Citizen Kane es, oficialmente, la mejor película de la historia» o «el mejor director de la historia del cine»… además las páginas de wikipedia para cada nombre son re largas; más largas que las páginas que tienen en esa plataforma algunos países (eso dice muchas cosas… sobre todo de quién, cómo y porqué se escriben las nuevas enciclopedias de la verdad). De cualquier modo y sin divagar: la película está zarpada.

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“Aguirre la ira de Dios”

El director te mira profundo cuando entrás en www.wernerherzog.com; pensas que esos ojos dicen algo de su personalidad y te quedas un rato viendo lo que podés encontrar… caes en la trampa; creías buscar pero te convertís en le navegante avistade y expueste a los ojos de quien mira las formas delirantes del mundo que nos supimos construir. Sus ficciones son sus mejores documentales; cuando Aguirre va tras la ilusión de “El Dorado” se desnuda una verdad expuesta por Sebastiao Salgado: “la primera vez que un hombre encuentra oro, pierde su alma”.

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“Soñar, soñar”

Soñar soñar se estrenó en julio de 1976. El 24 de marzo de ese año Leonardo Favio rodó en el Parque Japonés de Buenos Aires un largo travelling. Adriana Schettini le preguntó al respecto: “-¿Ese 24 de marzo seguiste con la filmación? –Sí, no podía dejar de filmar -¿Ante un gran dolor personal pararías cualquier filmación? –Pararía mi vida un largo rato. A mí me gusta gozar mis dolores. Creo que a pesar de que ahora las cosas pasan vertiginosamente, hay que darles su espacio y su tiempo. Por eso eran más lindos los velorios de antes, porque la muerte era algo trascendente, se le daba todo un marco ¿Cómo no iba a ser importante si la muerte es un salto al misterio? Pero cada vez fue perdiendo más importancia, y ahora ya casi es nada. Antes era más lindo morirse porque pasabas a ser alguien. Por lo menos para los seres anónimos era así, porque pasaban a ser, por un rato, objeto de devoción y de llanto.” Así como Jauretche inventó la microfísica del poder antes que Foucault, Favio habló de los viejos cordeleros que no saben morir antes que Chul Han en el “Aroma del tiempo”. Que lindo este país de metafísicos y pragmáticos en el que la vida es un sueño… y varias pesadillas.

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El Extranjero

Íbamos a empezar escribiendo “para que la vida tenga sentido”, pero es un rollo tremendo… una impostura total! De manera más humilde empezamos así: para que algo tenga sentido hace falta un relato que construya la cosa vinculada a algo… no nos bancamos el vacío porque nos alejamos de la cosa y esa distancia es insoportable, nos dio conciencia de nuestra posición descentrada, desnaturalizada, arrojados a vivir fuera del paraíso y en un cosmos lleno de nada. ¿Cómo darle sentido a algo en 1942, cuando los hechos le abren la vida a la muerte a cada paso y todo vale lo que un papel de diario? Absurda existencia que Albert Camus escribió en la voz de Meursault cuando narra el pedido de días a su patrón por la muerte de su madre: “Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: «No es culpa mía»”.

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